El problema:
En esta ocasión, hemos llegado demasiado lejos, y había que hacer algo, y lo hemos hecho.
El pasado 21 de julio había llegado a un peso excesivo, y ya solo me quedaba comprarme una túnica, me estaba quedando sin ropa. Estaba cada vez más gordo.
La solución:
Ese 21 de julio fui a la consulta de una dietista. En un primer momento no se lo dije a nadie. En la primera consulta, la dietista me pesó, midió mi estatura y mi porcentaje de grasa corporal. Todos los resultados superaron mis expectativas, incluida mi altura, que siempre había sido de 1,75 m. Ahora mido 1,765 m - ALBRICIAS -
Después de una breve entrevista en la que describí mis hábitos alimentarios, la evolución de mi peso a lo largo de mi vida y mi actividad diaria, mi delgadísima dietista imprimió un menú semanal y me citó para la semana siguiente. Me marcó un objetivo relativamente ambicioso: debía perder 22 kg. Y no voy a decir cuantos kilos pesaba, pero cuando consiga el objetivo, seré otra persona.
Y me puse manos a la obra.
El proceso:
Atracones de verdura, con el aceite medido y el pan pesado en la balanza. La cosa resultaba fácil, ya que siempre abusaba de los "alimentos sin límite", tomates enormes, puerro al vapor con vinagreta, montañas de pimientos...
Y una vez por semana, pasta, otro día legumbres y otro arroz. Las cinco comidas diarias lo hacen bastante fácil de llevar.
En dos o tres días, ya me notaba más ligero.
Resultados:
Durante la primera semana, perdí 2,8 kg.
La segunda semana, mi peso descendió 1,4 kg (comí un par de veces fuera de casa, y no pude seguir el régimen correctamente).
La consulta del 11 de agosto (3ª semana) arrojó un descenso de peso de 1,5 kg.
Esto es casi 5,7 kg en 3 semanas, he dejado de usar mis pantalones porque se me caen. Ahora utilizo unos que hacia mucho tiempo que no me entraban.
Ya no tengo consulta hasta el 1 de septiembre, por las vacaciones, pero desde mi última pesada, he perdido algo más de 2 kilos. En resumen, desde el 21 de julio, he perdido aproximadamente 8 kilos, una tercera parte del objetivo, y contando...
Observaciones:
La semana pasada me hicieron un análisis de sangre. Quería comprobar mi estado de forma después de perder 7 kilos. Todo bien, ni azúcar, ni colesterol, ni ácido úrico, ni anemia... todos los niveles estaban donde debían estar.
Inconvenientes:
Echo de menos el queso y los dulces... un montón...
Supongo que es una especie de síndrome de abstinencia, como lo que experimentan los fumadores, pero de momento mi motivación es inquebrantable. Mi armario está lleno de ropa, de talla pequeña, de cuando estaba delgado, que me espera impaciente. Mi estado de ánimo es ahora muy bueno, y mi autoconfianza está subiendo cada día que pasa, que la pobre estaba bajo mínimos. Y es que soy un puto vanidoso...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario